Un video captado por un dron muestra a dos buceadores muy cerca de un ejemplar acompañado por una cría. Advierten que la actividad no está permitida y reclaman controles para evitar que se multiplique.

La aparición de un video registrado con un dron, en el que se observa a personas buceando a escasa distancia de una ballena franca austral y su cría en la zona de Playa Paraná, cerca de Puerto Madryn, encendió las alarmas de los guías de turismo de la ciudad.
La preocupación no se centra únicamente en el episodio, sino también en el riesgo de que una práctica no habilitada pueda transformarse en una actividad habitual. María Leoni Gaffet, reconocida guía de turismo de la zona, señaló en una entrevista con el medio Jornada Radio que quienes trabajan con visitantes también cumplen un rol como agentes de conservación, por lo que consideró necesario que las autoridades intervengan antes de que la situación se extienda.
La guía remarcó que no existe una actividad de buceo o snorkeling habilitada con ballenas, a diferencia de lo que ocurre con los lobos marinos, y cuestionó que una escuela de buceo pueda aproximarse de esa manera a los cetáceos.
De acuerdo con su explicación, en el sector de Playa Paraná hay una importante presencia de ballenas con crías y algunas personas estarían aguardando que los animales se acerquen para ingresar al agua y aproximarse a ellos.
Advierten por un posible efecto contagio
Leoni Gaffet también manifestó su preocupación por el efecto contagio que podría generar este tipo de situaciones. Según planteó, si no existe una reacción oficial frente al acercamiento de la escuela de buceo, en pocas semanas podría haber muchas más personas intentando repetir la práctica.
La guía estimó incluso que, en aproximadamente tres semanas, unas 60 personas podrían estar realizando la misma actividad si no se establecen límites claros.
Playa Paraná, bajo la lupa por los controles
Otro de los puntos señalados por la guía fue la situación de Playa Paraná, que consideró que podría estar funcionando como un “punto ciego” para los controles. En ese sentido, recordó antecedentes vinculados con las casillas que también habían generado preocupación dentro del sector turístico.
Ante este escenario, planteó la necesidad de determinar qué autoridad debe encargarse de controlar este tipo de situaciones y reclamó la presencia de personal capacitado en el lugar.
Entre las alternativas mencionó la posibilidad de contar con un guardafaunas que pueda permanecer en la zona, supervisar la actividad e intervenir cuando sea necesario. El objetivo, explicó, sería actuar de manera preventiva para impedir que un episodio aislado termine convirtiéndose en una práctica frecuente.
El riesgo de acercarse a una ballena
Más allá de las cuestiones vinculadas a la normativa, Leoni Gaffet advirtió sobre el riesgo que implica interactuar directamente con ballenas.
Según explicó, aunque estos animales puedan transmitir una sensación de lentitud y tranquilidad, un movimiento inesperado o un viraje repentino puede representar un peligro para una persona que se encuentre buceando cerca.
Para ejemplificar la situación, recordó el caso de un director de cine que realizaba una actividad en el agua con autorización y bajo la supervisión de un veedor. Durante la experiencia, una ballena madre se aproximó junto a su juvenil y el hombre terminó siendo desplazado violentamente fuera del agua antes de volver a caer.
El episodio no tuvo consecuencias graves, pero para la guía sirve para dimensionar la diferencia de tamaño y fuerza entre una persona y una ballena franca.
En ese sentido, sostuvo que la interacción directa con estos animales implica un riesgo debido a la enorme disparidad física y consideró fundamental reforzar los controles para evitar que este tipo de acercamientos se naturalicen en la costa de Puerto Madryn.
