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sábado, febrero 7, 2026
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Chubut

Por primera vez en la historia de Argentina rastrean ballenas jorobadas desde el Parque Patagonia Azul

El proyecto busca develar las rutas migratorias y las zonas de alimentación de esta especie. Tras cinco años de fotoidentificación, se colocaron dispositivos en tres ejemplares para entender cómo proteger mejor los corredores marinos.

La costa de Chubut vuelve a ser escenario de un avance crucial para la ciencia y la conservación marina. Si bien el seguimiento satelital de cetáceos tiene historia en la región, esta temporada marcó un punto de inflexión: por primera vez en Argentina se colocaron dispositivos de rastreo en ballenas jorobadas, y el escenario elegido fue el Parque Provincial Patagonia Azul.

Lucas Beltramino, biólogo del Proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina, confirma la relevancia del suceso. Aunque el marcado de ballenas francas se realiza hace más de una década en Península Valdés y el de la ballena sei lleva dos años en Punta del Marqués, “es la primera vez que se marcan ballenas jorobadas en el país”.

Este hito es la culminación de un proceso de investigación sostenido en el tiempo. “El trabajo para llegar a marcar estas ballenas empezó 5 años antes cuando comenzamos a registrarlas y estudiarlas”, explica Beltramino. Durante ese tiempo, la fotoidentificación permitió detectar individuos que regresaban temporada tras temporada, e incluso algunos reportados en zonas tan distantes como Brasil o la Antártida.

Esa recurrencia disparó nuevas interrogantes que solo la tecnología podía responder: “Esto nos llevó a preguntarnos: ¿Dónde están las ballenas cuando no están acá? ¿Por dónde viajan? ¿Qué desafíos enfrentan?”, detalló el especialista.

Tecnología de precisión

La campaña se realizó en colaboración con investigadores de la Universidad de Santa Cruz de California (EE. UU.), quienes aportaron su experiencia en la capacitación para las maniobras de aproximación y colocación de los dispositivos. El operativo requiere una precisión quirúrgica: es necesario acercarse a unos cinco metros del animal para, mediante un rifle neumático adecuado para esta actividad, colocar el dispositivo intradérmico en la capa de grasa, que actúa como aislante térmico y supera los 20 centímetros de espesor.

El sistema funciona con una red de satélites de órbita baja. Cuando la ballena sale a respirar y la antena del dispositivo queda expuesta al aire, envía la ubicación con un margen de error mínimo, apenas cientos de metros en travesías de miles de kilómetros.

Beltramino detalla que el cuerpo de la ballena encapsula y expulsa el dispositivo con el paso de las semanas o meses, pero el tiempo que permanece activo es oro en términos de datos: “Durante todo ese tiempo obtenemos información muy valiosa sobre las áreas de uso, dónde se alimentan y durante cuánto tiempo”.

Corredores biológicos y conservación

Los primeros resultados ya están arrojando luz sobre la dinámica de estos gigantes en el mar argentino. Se logró instrumentar a tres individuos. Dos de ellos mostraron una permanencia en áreas que se superponen con el Parque Patagonia Azul, aunque gran parte del tiempo circulan por fuera de los límites formales.

El tercer ejemplar aportó un dato revelador al desplazarse hacia Rocas Coloradas, al norte de Comodoro Rivadavia. “Hoy este individuo se mueve en una región entre el Parque Patagonia Azul y Rocas Coloradas. Este comportamiento destaca la importancia de generar corredores protegidos entre áreas marinas protegidas”, analiza el biólogo.

La información recolectada es vital para diseñar estrategias de conservación efectivas. Los datos preliminares indican que las ballenas permanecen largos periodos alimentándose en áreas relativamente chicas, de unos 300 kilómetros cuadrados. Sin embargo, al salir de las zonas de resguardo, enfrentan amenazas como colisiones con embarcaciones, competencia con la pesca industrial y contaminación acústica.

“Conocer las áreas de uso y el tiempo de permanencia nos puede ayudar a detectar los sitios prioritarios a proteger”, señala Beltramino. La presencia de las ballenas jorobadas es un espectáculo natural para el visitante y un motor biológico para el ecosistema debido a que aportan nutrientes y empujan cardúmenes hacia la superficie, beneficiando la alimentación de las aves marinas.

Lo que antes se asumía mediante fotografías esporádicas, hoy es un dato científico confirmado. Las ballenas jorobadas eligen estas aguas para alimentarse intensamente, ahorrar energía y evitar migraciones innecesarias antes de volver a las áreas reproductivas. El especialista, concluyó que “con más energía va a mejorar el éxito reproductivo para esta población, y eso es muy alentador”, en virtud de que, con el correr del tiempo, se espera la aparición de más ejemplares por la zona.

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