Jorge Quispe junto a su esposa y sus dos hijos, cada fin de semana abren las puertas de su casa, en el barrio de Standart Norte de KM8, para compartir los cientos de objetos antiguos que juntaron desde hace 23 años. El museo funciona hace dos años y recrea ambientes como la pulpería, el almacén de ramos generales o la gosolinería

La pasión por los objetos antiguos, su restauración y poder ponerlo a la vista de muchas personas, sin dudas genera una gran satisfacción en Jorge Quispe y su familia. El museo “Los Recuerdos” funciona en un domicilio particular de la calle Código 2460, a pocos metros de la avenida Nahuel Huapi, en el corazón del barrio Standart Norte, y hace dos años está oficialmente habilitado como museo.
El ideólogo del emprendimiento familiar es militar de profesión. Llegó desde la provincia de Jujuy hace 23 años a Comodoro Rivadavia, donde “echamos raíces y nos vamos a quedar”. Conoció a su esposa María de los Ángeles y tienen dos hijos, Joaquín (14) y Leonel (18), nacidos y criados en esta ciudad.
Comodoro 24 visitó el lugar, que está especialmente ambientado para introducirse por algunos minutos en tiempos de fines de siglo XIX y principios del siglo XX. En el ingreso aparecen un Ford A con ruedas de madera tipo carreta y un Ford T estacionados, que juntos al surtidor de combustible de 1925, carteles enlosados, farolas y matafuegos, recrean la gasolinería, y dan la bienvenida a subirse al viaje por el museo “Los Recuerdos”.
El recorrido conduce al almacén de ramos generales, la pulpería o la barbería con destacados y valiosos objetos como la caja registradora de 1890. Con un tango que rememora la época, Jorge se encarga de describir las particularidades de cada objeto que exhibe.
También están preparados los espacios del taller, la cocina, los dormitorios y el baño, donde todos los ambientes muestran llamativas reliquias, muchas buscadas por coleccionistas como lo hizo el propio Jorge.
Todo comenzó hace 23 años “cuando mi suegro tenía un Ford A que iba con una decoración como el surtidor, inflador de bronce, algún trinquete de manivela para dar arranque, y ahí comencé a juntar cosas”, contó Jorge, quien es el encargado de brindar la breve reseña histórica de cada antigüedad.
Después aparecieron “un Ford T, una caja registradora e iba dando más color a los ambientes”. El militar reveló que cuando “yo me iba de vacaciones, me gusta meterme por los pueblos como cazadores del tesoro. Por ejemplo, algunos pueblos usaban cocina a leña, hoy en día está el gas, pregunto si la venden y voy comprando”, describió.
Después de cumplir el horario de su trabajo en la guarnición militar “me dedico a las antigüedades, voy haciendo los ambientes que yo quiero, que tengo en mi cabeza y los vuelco en el museo”. Jorge se fija en el detalle de cada objeto o pieza para personalizar y ubicarlo en el espacio que cree que tiene más valor para los visitantes.
En el túnel del tiempo
Jorge se encarga que los visitantes también participen y aprecien las reliquias que adornan al museo. Al entrar al espacio del almacén de ramos generales, donde “está la dueña vendiendo todas estas cosas”, los visitantes pueden hacer sonar la pesada campana de bronce y sentarse en las mesas del bar para tomarse la fotografía para el recuerdo.
El coleccionista aseguró que “ya entrando en el túnel del tiempo vamos a retroceder 100 años con las cosas que hay”. En la sala central del museo “están los objetos más vistosos y que resaltan a la vista” como son la máquina registradora labrada en bronce del año 1890 y la cafetera antigua; la barbería con su peluquero y los elementos originales de la época.
Oentro de los ambientes es la pulpería que se destaca con sus mesas, sifones cabeza de plomo, botella de ginebra en cerámica, juegos de metegol de madera, el juego del Sapo y el Billard Gol, todos de los años 1940-60.
Este último “no es conocido y hay muy pocos en la actualidad. No es ni pool ni billar, se juega con 10 hongos y 10 bolas que se reparten y se tiene que embocar en los respectivos hoyos. Lo particular de este juego que es tipo flipper porque cada hongo tiene una banda y la bola entra muy justa en los hoyos”, detalló Jorge.


El museo además posee otros tres ambientes armados como la cocina, el dormitorio y el baño. Los innumerables objetos como la lámpara con angelitos en bronce que pesa más de 7 u 8 kilos, cocina a leña, salamandras, planchas a carbón, molino de café mecánico que “por medio de engranajes muele granos de café y sale listo para preparar”, apuntó Jorge.
En la cocina sobresalen las cerámicas como tacitas, fuentes platos y teteras, tachos de aceite, latas, balanza en fundición y cerámica, radio Tonomac, la maquina fiambrera de 1935, picadoras y rayadoras de carne, y la raviolera, entre otras antigüedades.
Mientras que el dormitorio se caracteriza por los cuadros de gran tamaño, con vidrio en bombe y fotos pintadas. También aparecen las sillas, camas, portafolios de cuero, cuerina y madera, carritos de bebé, máquina de coser y juguetes antiguos como una muñeca de cerámica.
Historia, recuerdo y emociones
El vecino de Standart Norte también recibe donaciones de mucho valor sentimental de otras familias y que forman parte del museo. Por eso “sé el origen de todas estas cosas, me cuentan las historias de los objetos, tiene muchos recuerdos y hay que tener valor para venir a dejar tremendo tesoro en un lugar que todavía no lo conoce. Yo también lo valoro y lo demuestro poniéndolo en un sector especial del museo”, confió.
La visita de al menos dos horas tiene una entrada mínima para mantener el museo. “La gente se va llorando de la emoción, recuerda los tiempos del abuelo, la mamá y las personas que tuvieron contacto directo con estas piezas”, apreció el militar.
El museo está incluido dentro del circuito turístico de la ciudad y recibe visitantes los días viernes, sábado y domingo. “Todos los fines de semana estoy recibiendo gente, familias, algunas se ponen a llorar y demuestran sus emociones”, recalcó Jorge.
El coleccionista ya tiene avanzada la construcción para agregar otros ambientes como serán la oficina de correo postal y la farmacia. Jorge ponderó que el museo “es un proyecto familiar y quiero que mis hijos sigan con el emprendimiento que es muy novedoso, llamativo y lo demuestran las personas que dejan en un libro de comentarios mensajes hermosos a uno lo inspiran a seguir”, agradeció.
Una pasión y un cable a tierra
A Jorge todavía le quedan 8 años para su retiro del Ejército, pero ya piensa en que “después ya me dedicaré cien por cien a esto, que es una pasión para mí, es un cable, un descargue a tierra para mí. Uno viene cansado, pongo música, me tomo unos mates y ya me cambia la rutina”, comparó.
En sus tiempos libre también “me pongo a restaurar cosas” en el taller Taller de autos antiguos como lo denomina él. “Tengo dos camiones que yo lo estoy restaurando, con herramientas antiguas de más de 110 años como el desarmador de cubiertas que funciona. Antes todo era manual y no había nada eléctrico o neumático”, graficó.
Jorge sentenció que “esto es un emprendimiento familiar que va creciendo, estas cosas no se desvalorizan. Yo busca el valor sentimental y estoy gustoso de estas cosas de antaño sean disfrutables para todos los que vengan. Es un honor seguir dando a conocer esto a la ciudad”.
El Museo “Los Recuerdos” tiene su página de Facebook e Instagram, aunque en el “boca en boca de la gente que viene también divulga mucho”. Después de cada visita, Jorge suele publicar los retratos de sus clientes en agradecimiento por acompañar el proyecto familiar de Standart Norte.


