Una familia del paraje Rincón de Lobos pasó la noche refugiada en un tanque australiano para sobrevivir al avance del incendio, que llegó a pocos metros de su vivienda. La ayuda de vecinos y el trabajo de bomberos y brigadistas fueron clave para evitar una tragedia.

Samara Riquelme relató los momentos de profunda angustia que vivió junto a su familia en el paraje Rincón de Lobos, cuando el incendio avanzó con rapidez y llegó a quedar a pocos metros de su vivienda. La intervención solidaria de vecinos, junto al trabajo de bomberos y brigadistas, fue determinante para evitar una tragedia mayor.
La madrugada estuvo marcada por la desesperación y el miedo. “Se vivió mal, con mucha desesperación. Estuve con toda mi familia acá, y con mucha gente que vino a ayudarnos”, contó la joven vecina, quien aseguró que nunca había atravesado una situación similar informó Noticias Del Bolsón.
Ante el avance de las llamas, la familia decidió no evacuar y buscar refugio dentro del propio predio. “No nos evacuamos. Nos quedamos acá, justo ahí abajo donde había un tanque australiano. Pasamos la noche ahí”, explicó. Desde ese improvisado refugio, el panorama era estremecedor: “El fuego agarró la cabina del camión, estaba a diez metros de la casa. Yo estaba en el tanque y veía que el fuego estaba en mi casa. Eso fue lo que más te pega: saber que podés perder todo”.
En medio del temor, la ayuda de los vecinos resultó clave. “Por suerte llegaron vecinos y nos ayudaron a apagarlo. Igual siguen quedando focos atrás”, señaló Samara, quien también destacó el accionar de los equipos de emergencia. “Estuvieron los bomberos y los brigadistas, hicieron un trabajo perfecto. No me puedo quejar, les agradezco de todo corazón porque estuvieron acá, con los camiones, junto a mis vecinos”, expresó.
No obstante, la joven manifestó su preocupación por algunas dificultades registradas durante el operativo. Según relató, en el puente de Salamín personal de la APCB, Policía y GRIM impedía el paso de vehículos que transportaban agua y motobombas para colaborar en el combate del fuego. “Mis tíos venían a ayudar con motobombas y no los dejaban pasar. No hubo forma de coordinarlo. Después se mandaron solos porque el fuego ya era muchísimo”, contó, al tiempo que aclaró que comprende la existencia de controles, pero remarcó que se trataba de personas dispuestas a colaborar.
Tras el paso del incendio, el alivio fue parcial. “La casa estaba llena de agua, la cabaña también, porque la dejaron rociar. Pero la verdad que se salvó”, dijo. En el exterior aún se observan sillones y una heladera que fueron retirados por vecinos durante la emergencia, muchos de los cuales debieron evacuar junto a sus hijos pequeños. “Sacaron lo que podían”, explicó Samara, dejando en evidencia que, frente a la magnitud del incendio, la prioridad fue siempre resguardar la vida.
